En esta entrada vamos a reflexionar sobre un fenómeno muy interesante y que puede llegar a tener una importante influencia en nuestras vidas: el efecto Pigmalión o cómo las creencias que tenemos sobre la realidad acaban influyendo en la misma.
Para conocer la historia de Pigmalión, que fue rey de Chipre, tenemos que acudir a La Metamorfosis, en cuyas páginas Ovidio relata como este rey se había propuesto no enamorarse de ninguna mujer que no fuese absolutamente perfecta. Tanto fue así que pasaron muchos años sin que se sintiese atraído por ninguna de las doncellas de la corte. Lo más sorprendente de la historia comienza cuando él mismo esculpe una estatua con forma de mujer, a la que llama Galatea y de la que sí se enamora profundamente. La contemplaba siempre que podía, la vestía con las mejores telas de las que conseguía disponer, no se avergonzaba de acariciarla y besarla como si fuese real e imploraba a los dioses que le concediesen la vida para poder casarse con ella. Tras mucho rogar la suerte le sonrió y sus plegarias llegaron hasta la diosa Afrodita, que conmovida por el fuerte deseo de Pigmalión le concedió la vida a Galatea, con la que finalmente pudo desposarse e incluso tener descendencia.
En la actualidad el efecto Pigmalión es un término que se puede usar en diversos ámbitos como el laboral o el educativo. Fue precisamente en este entorno en el que Rosenthal y Jacobson acuñaron el término y lo describieron por primera vez. Corría el año 1964 cuando llevaron a cabo un experimento muy interesante en una escuela de primaria de California. Realizaron unos tests de inteligencia a todos sus alumnos pero no tuvieron en cuenta sus resultados cuando les separaron en diversos grupos, sino que lo hicieron al azar. Uno de estos grupos fue presentado a los profesores del centro como alumnos de grandes capacidades que posiblemente conseguirían importantes mejoras durante el curso. Lo sorprendente fue que, pese a haber sido seleccionados aleatoriamente, los alumnos de ese grupo sí mejoraron más que los demás. Este experimento demostró la importancia de la actitud de los profesores tanto en el comportamiento de sus alumnos, como en su nivel intelectual.

El propio Robert Rosenthal enumeró cuatro factores que ayudarían a explicar este fenómeno:
1 Mejora de la relación profesor-alumno y establecimiento de un clima emocional más cercano.
2 Al pensar que el alumno tiene más capacidades el profesor se esfuerza más en explicarle los contenidos, aumentando muchas veces la materia curricular.
3 Los profesores preguntan más a este tipo de alumnos e incluso les dan más tiempo para responder y les sugieren alternativas ante las preguntas más difíciles.
4 Se elogia con mayor frecuencia a este tipo de estudiantes (obtienen más refuerzo por su trabajo). Se les anima a acabar las tareas y se disculpan en mayor medida sus errores.
Podemos tratar de ilustrar todo lo que acabamos de decir con un ejemplo muy sencillo: ¿Cuál de los siguientes mensajes contribuirá más probablemente a que los alumnos de una clase obtengan mejores resultados? Enseguida comprenderá que, si nos atenemos a lo comentado hasta ahora, no es difícil escoger la opción correcta:
Mensaje 1: “Este año las matemáticas son muy difíciles y es posible que no todos la aprobéis. Es muy importante que hagáis todos los ejercicios cada día y aun así podría no ser bastante para los que no tengáis una buena base de los últimos cursos”
Mensaje 2: “ Este año las Matemáticas son más interesantes que otros cursos, trabajando un poco cada día y utilizando lo aprendido en los últimos años espero que todos podáis aprobar”
Pues bien, podríamos decir que la otra cara de la misma moneda son las profecías autocumplidas, o predicciones que una vez hechas son responsables de que acaben cumpliéndose. Veámoslo de nuevo con un ejemplo:
SITUACIÓN : Jaime ha olvidado el día de su tercer aniversario con María. Al principio ella no le da importancia, pero los días siguientes empieza a pensar que Jaime ya no está igual de enamorado y que el matrimonio podría acabar rompiéndose. Se vuelve mucho más insegura y reclama más atención a su pareja mediante continuos reproches. Jaime no entiende el comportamiento de María lo que repercute en su estado de ánimo, que se torna también más irascible. María interpreta este alejamiento como una confirmación de que su profecía se está cumpliendo por lo que aumenta sus quejas hacia Jaime. Es fácil imaginar cómo acabará su matrimonio si no consiguen ponerle remedio antes de que sea demasiado tarde.
Conocer qué son las profecías autocumplidas (término acuñado por el sociólogo Robert King Merton) y cómo nos pueden influir puede ser importante para muchos aspectos de nuestra vida. Hemos visto por ejemplo que el hecho de que los profesores confíen en sus alumnos es primordial para que estos se sientan motivados y con ganas de mejorar sus resultados. Esto sería extrapolable igualmente al mundo de la empresarial, respecto a la confianza que se debería brindar a cada uno de los trabajadores. De la misma manera, que no demos por sentado que algo nos va a acabar saliendo mal va a ser crucial para no terminar fracasando. Y es precisamente con estas predicciones negativas y pesimistas con las que hay que ser más cauteloso: cuando empezamos a pensar que algo puede ir mal, inconscientemente tendemos a filtrar la información que recibimos de nuestro entorno y seleccionamos aquella que corrobora lo que nos estamos temiendo. De esta manera empezamos a pensar que se pueden cumplir estos malos presagios e involuntariamente ayudamos a que acaben sucediendo. Es un fenómeno relacionado con un concepto conocido como disonancia cognitiva, del que desarrollaremos una entrada completa en otra ocasión.
Es importante, por tanto, no dar nunca una situación por supuesta, especialmente cuando puede afectarnos de un modo desfavorable. Algunos consejos que podemos ofrecerte al respecto son:
· Detectar estos pensamientos. Recuerda que dedicamos un post entero a los pensamientos negativos. Tanto a detectarlos como a combatirlos.
· Prestar atención al lenguaje que usamos, especialmente si tenemos niños y estamos con ellos.
· Busca y atesora experiencias que te permitan comprobar que las estas profecías normalmente no acaban cumpliéndose.
Y para concluir el post no queríamos dejar pasar la ocasión de compartir con vosotros un cuento de Gabriel García Márquez, que ejemplifica muy bien lo que acabamos de ver sobre las profecías autocumplidas. Esperamos que lo disfrutéis:


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