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¿Cómo superar la pérdida de un ser querido?

03/03/2016 By Carlos Ureña Morales 2 comentarios

Muy posiblemente, los momentos más duros que nos toca pasar en la vida están relacionados con la muerte de alguno de nuestros seres más allegados.  Lo que los psicólogos llamamos duelo por fallecimiento, es el proceso de adaptación que sigue a dicha pérdida. Se trata de un conjunto de reacciones  de tipo físico, emocional y social que pueden variar desde una ligera tristeza al dolor hasta la desesperanza más desgarradora.  En estas circunstancias, hay una mayor probabilidad de sufrir algún tipo de alteración física (pérdida de apetito, insomnio) o incluso algún trastorno mental (especialmente cuadros de tipo depresivo). La gravedad y persistencia de estos síntomas dependerá de la personalidad del sujeto, de su grado de unión con el fallecido y de las circunstancias de la pérdida (por lo general  más dolorosa cuanto más imprevista).

Lo que tenemos que entender es que este tipo de respuestas y emociones son normales y las experimentamos la mayoría de nosotros ante tales situaciones.  Rara es la persona que tras el fallecimiento de un ser querido no tiene dificultades para concentrarse,  siente una profunda tristeza, o pierde el apetito y el sueño. De hecho, si no experimentase tales síntomas tendríamos que considerar la posibilidad de que estuviese viviendo un duelo incompleto, lo que podría provocar daños emocionales posteriores  especialmente si sucede durante la infancia o la adolescencia.

Debemos ser especialmente cuidadosos con los más jóvenes ante acontecimientos dolorosos
Debemos ser especialmente cuidadosos con los más jóvenes ante acontecimientos dolorosos

Por tanto, se entiende que todos nosotros, tras una pérdida importante, pasaremos por una serie de etapas diferentes hasta que consigamos asimilar y superar el golpe recibido. Una de las descripciones más conocidas y aceptadas de este proceso es la que realizó la doctora Elisabeth Kübler-Ross en 1969, que comprende 5 fases: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Este modelo y sus etapas también es utilizado para explicar cómo reaccionan las personas que son diagnosticadas de alguna enfermedad terminal.  Veamos con un poco más de detenimiento cada una de estas fases:

 NEGACIÓN: “Esto no puede haberme pasado a mí.” Consiste en rechazar, consciente o inconscientemente, los hechos acaecidos. Este rechazo supone una defensa temporal para la persona, amortiguando el dolor inicial que sigue a la pérdida. Si bien esta reacción es totalmente normal, al cabo de un período de tiempo más bien breve y de una forma paulatina,  debemos ser capaces de aceptar la situación y enfrentarnos a la pérdida. La represión de los sentimientos son un indicador de problemas psicológicos futuros y, además, está relacionada con alteraciones físicas (hipertensión o problemas gastrointestinales, por ejemplo)

En esta fase buscamos una forma de expresar nuestra frustración
En esta fase tratamos de expresar nuestra frustración

IRA: “¿Por qué a mí?” Cuando dejamos de negar lo que ha sucedido suelen aparecer el dolor y la ira. Esta rabia puede ir dirigida hacia nosotros mismos, hacia la víctima, hacia terceras personas a las que culpemos, hacia nuestra religión, … Es importante expresar la ira para dejar salir el dolor que tenemos dentro. Por ello, no es conveniente ignorar o reprender a las personas que se encuentren en esta fase, sino que debemos ayudarles a superarla consiguiendo que expresen sus sentimientos de forma adaptativa y sean capaces de revisar sus ideas acerca de la culpabilidad del suceso.

NEGOCIACIÓN: “¿Y si?” En esta etapa se desea volver a la vida que se tenía antes del fallecimiento. Pasamos mucho tiempo pensando qué podríamos haber hecho para evitar el fatal desenlace y tratamos de negociar con algún Dios o poder superior como el karma, acerca de las cosas que podríamos hacer si nos dejasen volver atrás. Esta fase puede alargarse y ser muy dolorosa según las circunstancias del fallecimiento (si podíamos haberlo evitado, si era nuestra responsabilidad, si nos quedó algo por decir al fallecido o si por ejemplo estábamos enfadados). Por eso, es importante conseguir que el afectado no se aleje demasiado de la realidad ni malgaste sus recursos psicológicos dándole vueltas a lo maravilloso que sería todo si su ser querido no hubiese fallecido, ni a cómo podría haberlo evitado.

DEPRESIÓN:  “¿Qué sentido tiene seguir con este dolor?” La situación se empieza a aceptar y la tristeza nos domina.  Nos invade cierto agotamiento físico y mental y no tenemos ganas de hacer las cosas que antes nos divertían, incluso nos podemos separar temporalmente de algunos de nuestros seres queridos o amigos. Nos damos cuenta de que no hay nada que negociar y que la situación de pérdida es irreversible, lo que hace que no veamos una salida a nuestro malestar.  No debemos confundir este bajo estado de ánimo con un trastorno de tipo depresivo.  De hecho, el DSM-V (última versión del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la APA) ya contempla una categoría de “duelo no complicado”, en la que se considera el ánimo deprimido como norma en estas situaciones, variando su duración dependiendo del grupo cultural al que pertenezca el afectado.

ACEPTACIÓN:  “No he podido evitarlo, tengo que afrontarlo lo mejor que pueda”.  Se llega a esta etapa cuando se acepta la realidad de que la persona querida se ha ido y ya no volverá más.  Se trata de aprender a convivir con esa pérdida y seguir un nuevo plan de vida. No significa que estemos conformes con lo que ha sucedido, sino que podemos seguir adelante con ello y podemos volver a sentirnos bien la mayor parte de nuestro tiempo.

Si bien la descripción realizada por Kübler-Ross ha resultado ser muy acertada, es conveniente tener en cuenta que el orden de las etapas puede alterarse en determinadas situaciones, según las diferentes edades y tipo de duelo que padezcamos.  Puede ser incluso que algunas personas logren superarlo sin haber pasado por todas ellas. 

Lo normal es que la mayoría de nosotros, con el tiempo y el apoyo de nuestros seres queridos,  consigamos pasar por estas fases y seguir adelante con nuestras vidas. Sin embargo, algunas veces no podemos superar alguna de ellas y el duelo se prolonga demasiado, mientras que otras veces puede ser que nos cause un dolor tan intenso que apenas lo podamos soportar.  Si eso sucede, lo aconsejable es tener información sobre todo el proceso  y cómo es probable que nos sintamos en cada momento, de cara a comprender nuestro dolor y su función. Asimismo, no debemos olvidar que con el tiempo debemos recuperar nuestro ritmo de vida anterior a la pérdida, sin descuidarnos a nosotros mismos ni a nuestras aficiones.  Por último, no debemos olvidar la parte cognitiva y reestructurar posibles pensamientos como  “no tengo derecho a sentirme bien después de lo que pasó”. 

Si crees que alguien cercano a ti (o tú mismo) necesita ayuda para aliviar su malestar, los profesionales adecuados para ello somos los psicólogos. Nuestra misión ante estas situaciones es proporcionarte las herramientas y estrategias necesarias para enfrentarte al duelo  y mejorar tus habilidades de resiliencia (la capacidad que tenemos las personas para enfrentarnos a situaciones adversas).

Archivado en: Bienestar y Salud

Comentarios

  1. Jacinta dice

    07/04/2016 en 15:58

    Les agradezco mucho la información y los consejos, mi problema es que hace ya 3 años que me falta mi marido y es algo muy doloroso, por mucho que rezo o dejo pasar las semanas siempre que algo me recuerda a el me vuelven los llantos, ¿Qué debo hacer para superar esa fase de depresión? muchas gracias, espero que entiendan mi dolor.

    Responder
  2. Carlos Ureña Morales dice

    08/04/2016 en 21:46

    Hola Jacinta:

    Entendemos tu dolor y sentimos mucho tu pérdida. También agradecemos mucho tus comentarios sobre nuestro blog. Sobre la cuestión que nos planteas y teniendo en cuenta que no es mucha la información que nos facilitas, sí te podemos ofrecer una serie de recomendaciones:

    · Primero de todo no debes agobiarte por seguir triste aunque haya pasado tanto tiempo. Es algo normal sentir tristeza, si bien en tu caso debería ser menos intensa.

    · Una vez aclarado este punto, por lo que nos comentas tratas de superar tu aflicción a través de las oraciones. Es algo respetable y que lógicamente puedes seguir haciendo, pero es posible que necesites ir más allá y realizar una serie de acciones adicionales como pueden ser recuperar antiguos hobbys o aumentar las visitas de amigos o familiares.

    No dudes en consultarnos si tienes más dudas o quieres solicitar nuestra ayuda.

    Responder

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